lunes 12 de diciembre de 2011

Día de la memoria en la Facultad de Ingeniería

El pasado 29, en la Facultad de Ingeniería, organizado por el Centro de Estudiantes y la Comisión Directiva de AGD de esa facultad, se conmemoró el día de la memoria, en homenaje a Daniel Winer, estudiante desaparecido, y en él a los estudiantes desaparecidos en Ingeniería.
En la mesa propuesta para el acto, intervinieron el presidente del Centro de Estudiantes, la ex diputada Patricia Walsh, el secretario general de la AGD UBA y la secretaria general de la CD de AGD Ingeniería quien leyó el documento que reproducimos a continuación.

Estamos aquí hoy 29 de noviembre, día de la memoria de la facultad de Ingeniería, para reivindicar a una generación que dio su vida por conquistar una Argentina sin opresión, sin explotación, sin miseria.

Estamos aquí para repudiar el salvaje genocidio cometido en nuestro país y para reafirmar la histórica consigna de nuestro pueblo: No a la impunidad de ayer y de hoy.

Los compañeros de la facultad de Ingeniería a los que hoy rendimos homenaje fueron compañeros que se organizaron para hacer realidad sus sueños de una patria liberada sin explotados ni explotadores.

Por eso en este acto repudiamos una vez más a la dictadura genocida que aniquiló a decenas de miles de compañeros, dirigentes y militantes obreros y populares. Repudiamos los campos de concentración, la cárcel, el exilio, el secuestro, la tortura, la desaparición y el asesinato, crímenes que comenzaron a ensayarse antes del golpe, en el Operativo Independencia en Tucumán y con el accionar de la Triple A y demás bandas fascistas en todo el país.
Repudiamos los vuelos de la muerte en que los secuestrados eran arrojados vivos al mar, la tortura a las embarazadas y el robo y la apropiación de sus hijos.

Repudiamos el modelo político-económico que la dictadura impuso: de enriquecimiento de unos pocos a costa del hambre de muchos, de destrucción de la industria nacional, de brutal endeudamiento externo, de cercenamiento absoluto de las libertades individuales y colectivas, de violación sistemática de todos los derechos.

Denunciamos al poder económico pro imperialista aún vigente, a los banqueros, las empresas y la oligarquía terrateniente que planificaron el golpe; a las patronales y dirigentes sindicales traidores que entregaron cuerpos de delegados como en Ingenio Ledesma, Mercedes Benz, Ford; a la mayoría de la cúpula de la Iglesia que los bendijo; al poder judicial que los amparó; a los políticos que los avalaron; y a los grandes medios de comunicación que les lavaron la cara a todos ellos.

El objetivo de la represión fue terminar con el amplísimo movimiento popular que se proponía transformaciones sociales de fondo en la Argentina. La dictadura buscó destruir las formas de organización de importantes sectores de los trabajadores y el pueblo: Cuerpos de Delegados, Centros de Estudiantes, organizaciones políticas, barriales, profesionales. En nuestra universidad y nuestra facultad el poder de facto se encargó de liquidar todo proyecto al servicio de los intereses populares. La represión perfectamente planificada, racional y discriminada, tiene un nombre preciso: genocidio.

Genocidio, así lo ha denunciado nuestro pueblo durante años, así debemos seguir gritándolo en las calles y así debemos lograr que se lo llame en todas las sentencias judiciales.

Genocidio que desde 1983 se pretendió ocultar detrás de la teoría de los dos demonios, para justificar apenas unos años más tarde, las infames leyes de Punto Final y Obediencia Debida de Alfonsín.

Los años del menemismo garantizaron aún más la impunidad de los represores con los indultos y profundizaron la desocupación, la miseria y el hambre para millones como producto de la entrega de los recursos naturales y del patrimonio nacional, y del remate de la industria.

Nuestro pueblo nunca dejó de luchar: la valiente ocupación de la plaza de Mayo por las Madres durante la dictadura, el reclamo persistente de los organismos de derechos humanos, la heroica resistencia de nuestro pueblo, las históricas huelgas, fueron trazando un camino que llegó hasta las inolvidables jornadas del 19 y 20 de diciembre de 2001, bisagra que abrió una nueva etapa en la historia de nuestro país.

Con todos estos años de lucha nuestro pueblo destruyó la teoría de los dos demonios, consiguió anular las leyes de impunidad y reabrir las causas contra los genocidas.

La realización de los juicios contra los genocidas es un triunfo histórico del pueblo argentino.

Pero es imprescindible señalar:
- que el 10% de los genocidas juzgados fueron absueltos de culpa y cargo
- que 39 represores se encuentran prófugos desde hace años
- que todos los condenados y todos los procesados lo están por un número de víctimas mucho menor al que les corresponde
- y que muchos de los procesados están en libertad o gozan de prisión domiciliaria

Cientos de causas están literalmente paralizadas –en particular en el interior del país- debido a que muchísimos jueces y fiscales provienen de la dictadura o son cómplices, amigos, socios o familiares de los genocidas y no quieren ni juzgarlos ni condenarlos.

Los hijos de nuestros compañeros, secuestrados con ellos o nacidos en cautiverio y apropiados por los represores y sus cómplices, son otra prueba de que con discursos no alcanza. Más de 400 jóvenes siguen viviendo con su identidad cambiada, desaparecida. La política oficial solo impulsa que quienes duden de sus orígenes, se hagan una prueba genética. Una vez más las víctimas deben hacerse cargo de lo que es responsabilidad del Estado.

Con discursos no alcanza! Y hay un nombre, hoy símbolo, que grita la impunidad de ayer y de hoy en carne viva: Julio López.

A 5 años, ni un solo imputado por su secuestro y desaparición.

A 5 años, sólo encubrimiento y complicidad.

Desarmar la impunidad, construida prolijamente durante años, desarmar el aparato represivo de la dictadura, requiere de mucho más que discursos, requiere de una decisión política.

En todos estos años siempre ha sido necesario unir el reclamo de juicio y castigo a los genocidas de ayer con la exigencia de terminar con la impunidad de hoy y por la plena vigencia de derechos entendidos como una totalidad: libertad, trabajo, vivienda, educación, salud y justicia.

Día a día avanza la criminalización de toda protesta y se usa a los mismos jueces y fiscales a los que nunca les alcanzan las pruebas contra los genocidas, a los mismos que no las encuentran contra los asesinos de Carlos Fuentealba, de Lázaro Duarte y de tantos otros compañeros, pero que son más rápidos que la luz para procesar a los que luchan.
Este modelo, que deja a miles marginados hasta de la tierra para vivir y trabajar, garantiza el avance latifundista. No dejan de trascender día a día casos de muertos por represión ante la lucha del pueblo por la tierra, como en Jujuy, Formosa y Santiago del Estero.

De la misma manera en la Universidad de Buenos Aires se extiende una política de persecución, a veces a través de demandas en la justicia penal, a veces a través de simples sumarios como forma de amenaza latente a estudiantes y docentes que se oponen a las políticas llevadas adelante por las autoridades.

Si cuando analizamos el por qué de la represión en nuestro país pensamos inmediatamente en cuáles son los proyectos y los derechos y necesidades que están en juego, entonces lo mismo debemos hacer cuando analizamos qué pasa en la Universidad de Buenos Aires y en nuestra facultad.

Las autoridades de esta facultad han desplegado una campaña de persecución sobre muchos de los estudiantes y docentes que se oponen a la acreditación de carreras de la CONEAU establecida por la LES y aprobada durante el menemismo. Sistemáticamente se han negado a discutir estos proyectos y más aún, la mayoría de los profesores que forman parte de este CD responden “se está aplicando en todos lados, nosotros también tenemos que hacerlo”, evidenciando no sólo la subordinación a organismos ampliamente rechazados por el conjunto de docentes y estudiantes, sino también el modelo de universidad y país que pretenden imponer

El gobierno nacional, que constantemente a través de sus medios comunicación y de sus discursos explica una y otra vez que las recetas del FMI por más universales que sean sólo traen empobrecimiento a los países que las aplican, no propone la anulación de esta Ley de Educación Superior que impone a rajatabla la aplicación de las recetas de este mismo organismo en la Educación Superior.

Hoy es el día apropiado para denunciar estos hechos, porque nuestra memoria es una memoria que reivindica la lucha de nuestros compañeros y es una memoria comprometida con una universidad al servicio de las necesidades de nuestro pueblo.

Por eso en este día es nuestro derecho y nuestro deber seguir denunciando todas las injusticias y no conformarnos con una universidad que da la espalda a nuestro pueblo, que permanece al margen de los grandes debates nacionales y cuyas autoridades sólo buscan perdurar en sus cargos para beneficiarse económicamente de los mal llamados recursos propios (provenientes de los servicios a terceros).
Por eso hoy, volvemos a estar presentes no sólo para recordar a nuestros compañeros sino para exigir

Cárcel común ya a todos los genocidas!
Restitución de la identidad a los jóvenes apropiados!
Aparición con vida de Julio López!